2/1/18

No se puede


( Imagen tomada de la red)



No se puede poner un lazo a una mariposa,
ni creer que su vida será eterna por ser bella.

No se puede amarrar el viento, ni alcanzar el sol;
ni pisar con los pies desnudos el agua, sin mojarse.

No se puede alargar la vida a un moribundo
por mucho que lo amemos con la mejor parte de nosotros,
por mucho que deseemos que eso ocurra.

Pensemos en lo bella que fue la mariposa en nuestras manos,
y dejemos que vuele hacia otras y las inunde de magia;

pensemos en lo afortunados que fuimos por conocer
al ser que se nos va, porque es su ciclo. 

Las cosas pasan y son como son.
Lo inteligente y sano es aceptarlo,
aunque el dolor nos ciegue.

21/12/17

¡Feliz Navidad!


( Imagen tomada de la red)


Otra vez llega. 
Se barrunta en las calles
y en las llamadas telefónicas.

La odio y la quiero,
la rehuyo y la busco,
la temo  y la amo 
a partes iguales.

Produce desencuentros
dentro de mí,
paraíso de excesos insanos
y de buenos propósitos,
de insomnios cansados
con resacas imposibles,
punzadas y risas
ingobernables
que campan a sus anchas
por mis venas:
desajustes que conozco
pero aún me afectan.

Aún así la bendigo,
por traer a mi vida 
un pedazo de esperanza,
el aroma de hogar,
el álbum de fotos,
la canción a capella,
los chistes malos,
el abrazo fundido,
los petardos en la calle
y un rincón donde reír
junto al lar de los míos,
un instante de pausa feliz
en la dura tormenta
que es la vida.



 © Laura Caro



¡Feliz Navidad y feliz año 2018!
Gracias por estar cerca a pesar de mis largas ausencias.
Os quiero.

                                                     


18/7/17

Nada me turba ( o eso quisiera yo)


Paso de ser una víctima
de mi propia historia,
paso de cavar mi tumba 
antes de morirme.

Paso de ser -por azar o destino-
la princesa destronada,
la mujer infravalorada,
la trabajadora explotada,
la corredora que hace tiempo que no gana,
la actriz que perdió su papel,
la madre incomprendida
o la jugadora con gafe.

Las cosas pasan porque sí,
para hacernos más fuertes
y descubrir que hay piedra
bajo nuestro corazón blandito
de infancias de Disney,
que no somos sino rocas
que talla la existencia poco a poco.

Y una vez sabes que tienes piedra
bajo el temblor de la mirada,
nada te turba,
 nada te hunde 
y amas
de forma apasionada y salvaje la vida.


7/5/17

Mi rosa

 ( Imagen de la red)
 
Pocas veces, cuando menos lo esperas,
con los ojos globo de llorar
y la piel arrugada de sufrir,
con la sal desbordando tus instantes
tatuados en tu piel sin preaviso,
 
cuando buscas en tus suelas maltrechas
el camino perdido hacia tu Norte
y tu vida es un terco laberinto
de brillantes colores de mentira
desandado tantas noches de insomnio...
 
una luz discreta llega a tu vida,
besando tus párpados temblorosos
sabiamente, sin falsas ambiciones,
en forma de sencilla rosa azul.
 
Es entonces cuando hayas certeza
- ¡ Certeza! Ya  dudabas que existiera-
y la Verdad más grande que intuías
se toca con las puntas de los dedos.

28/4/17

Pedaleando



Me visto con mi traje de ciclista,
-con curvas michelín incorporadas-,
mirándome al espejo traicionero:
Me río de mí misma, ciertamente.

Voy a vivir la vida empastillada,
con trozos de  locura por bandera,
borracha de emociones y pecados,
sin pensarme, ni pararme a pensar,
sin que nada ni nadie me dé freno
hasta que llegue al delicioso abismo.

Un casco de madera me protege 
pero me pesa (- ¡Que le den!- me ordeno).
Lo tiro en la mitad de mi camino
y me suelto el pelo, que se me enreda 
y se divierte libre y desatado.

La melena me golpea la cara,
 vengándose de mí - incorregible-
en las curvas cerradas (y en las otras).

Me meto por el cráneo torpemente.
Pedaleo deprisa y sin mirar,
evitando la voz de don Sensato.

Don Colesterol me pasa con vértigo
pero no le saludo - ¡que se aguante!-;
doña Azúcar está tonta: no sabe 
donde ponerse para que resbale,
pero no caigo en su trampa, por suerte.

Las tres de la mañana y sin dormirme.

No cuento nunca ovejas - ¡qué antigualla!-;
pedaleo sin parar hacia mis sueños.

20/4/17

Como una perdiz

( Imagen de la red)


Voy bañando de risas las baldosas
que llevan a mis pies a su destino:
las blancas son el agua y no se pisan;
las verdes, una a una, las alcanzo.

Mis boca tararea una estrofilla
que acabo de inventar esa mañana
de esas que vienen solas, se te instalan
y tienes que escribir en cuanto llegues.

El viento se ha atrevido a ser grosero
y levanta mi falda mientras salto,
pero nada me importa en ese instante
en el que llevo luz a borbotones.

El hombre del kiosko me sonríe
pero no sé yo aún de las maldades
que habitan en las mentes retorcidas
y sonrío contenta, y le saludo.

Aún soy una niña y no sospecho
lo que vendrá después y para siempre.